martes, 11 de octubre de 2011

El Columpio Asesino - Diamantes


No es tu Sexo lo que en tu Sexo busco, sino ensuciar tu alma...  

Sin apenas darnos cuenta, el panorama musical nacional ha visto como una serie de bandas carga tintas e intoxica el paisaje con una propuesta que maneja referentes diversos -del noise de The Jesus & Mary Chain, al afterpunk, el kraut y lo velvetiano- y comparte un público muy concreto, esa cuota de pantalla para la que el rock aún se mueve en el filo de la navaja. Hablo, claro, de Triángulo De Amor Bizarro, Pony Bravo o Nudozurdo, pero por encima de todos ellos, ejerciendo ya cierta labor de padrinazgo -la veteranía es un grado-, de El Columpio Asesino. Aunque lo esencial de la propuesta de los hermanos Arizaleta quedaba más que claro en su ya lejano debut de 2003, sinceramente creo los navarros no alcanzaron la plenitud de sus facultades hasta “La gallina”, un trabajo sobresaliente y ajeno a cualquier tipo de tendencia -lo que lo hacía aún más extraordinario- que me llevó a pensar si a partir de aquel momento no estaría ya todo dicho. La respuesta ha tardado tres años en llegar, con la aparición de este “Diamantes” que les une a una discográfica que se está especializando en cobijar carreras largas y ejemplares. Bien. De un primer vistazo “Diamantes” confirma el amor de El Columpio Asesino por el clasicismo tanto por su longitud -nueve temas y cuarenta minutos. El perfecto Lp- como por la elección de la preciosa “The Endless Plain Of Fortune” del “París 1919” de John Cale, reconvertida para la ocasión en “Cisne de cristal”, con Cristina Martínez tomando las riendas y acaparando protagonismo tanto en éste como en el resto de tiempos medios. ¿Se han domesticado El Columpio Asesino? Podría parecerlo tras una escucha superficial en la que sobresaldría su producción, más limpia que nunca. Pero no nos llamemos a engaño. “Toro”, primer single, es la canción que mejor define hasta la fecha el inconfundible y malsano discurso de la banda: ritmos kraut, ecos a Suicide, guitarrazos desquiciados de la escuela Joey Santiago, speed, mucho speed, y Berlín todavía hoy como icono de lo decadente y lo noctámbulo. Y es que la noche, una noche interminable y devoradora, es más que nunca el escenario en el que se desarrolla el universo romántico de El Columpio Asesino en lo lírico y también en lo sonoro -ese experimento de cierre, “MDMDA”, que podría abrirles nuevos horizontes en el futuro-. Un universo que nos pertenece a muchos pero que nadie como ellos sabe reflejar en forma de canciones.
Mondosonoro 


Semen

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